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La Doctrina Búdica de la Tierra Pura

La Doctrina Búdica de la Tierra Pura

por JEAN ERACLE

PRIMERA PARTE :: INTRODUCCIÓN A LOS «TRES SÛTRA»

Sección XIII. Las Tierras de Buddha en la enseñanza de Vimalakîrtî

LAS TIERRAS DE BUDDHA EN LA ENSEÑANZA DE VIMALAKÎRTÎ

Existe un Sûtra de una grandísima belleza. Titulado «Enseñanza de Vimalakîrtî» (sáns.: Vimalakîrtî-Nirdesa; sino-japonés: Yuima-Kyô), contiene extensos desarrollos sobre la doctrina de las Tierras de Buddha. De la lectura de este texto resulta una visión extremadamente clara que podemos utilizar aquí con provecho para comprender mejor la doctrina de las Tierras Puras tal como acabamos de exponerla.

En el primer capítulo de este libro, Buddha da a Ratnâkara, el portavoz de quinientos jóvenes que se han congregado alrededor del Maestro, lo que puede considerarse como una verdadera definición de las Tierras de Buddha.

«Hijo de familia, la tierra de los seres es la Tierra de Buddha de los Bodhisattva. ¿Por qué? En la medida en que los Bodhisattva favorecen a los seres, se apoderan de las Tierras de Buddha… ¿Y por qué? Hijo de familia, las Tierras de Buddha de los Bodhisattva deben su origen a los servicios que éstos prestan a los seres.»

Según este pasaje, la Tierra de Buddha no aparece distinta del mundo donde el Bodhisattva ejerce su actividad en favor de la salvación de todos los seres. La continuación del texto, en una enumeración cuyos elementos presentan variantes de una versión a otra, contiene la relación de las excelentes prácticas de los Bodhisattva:

«El lugar de las buenas disposiciones es la Tierra de Buddha del Bodhisattva…
El lugar de la alta resolución es la Tierra de Buddha del Bodhisattva…
El lugar del esfuerzo es la Tierra de Buddha del Bodhisattva…
La gran producción de pensamiento del Bodhisattva es la Tierra de Buddha del Bodhisattva…
El lugar del don es la Tierra de Buddha del Bodhisattva…
El lugar de la moralidad es la Tierra de Buddha del Bodhisattva…
El lugar de la paciencia es la Tierra de Buddha del Bodhisattva…
El lugar de la energía es la Tierra de Buddha del Bodhisattva…
El lugar de la meditación es la Tierra de Buddha del Bodhisattva…
El lugar de la sabiduría es la Tierra de Buddha del Bodhisattva…
El lugar de los cuatro sentimientos infinitos es la Tierra de Buddha del Bodhisattva…
Los cuatro medios de captación son la Tierra de Buddha del Bodhisattva…
La habilidad en los medios es la Tierra de Buddha del Bodhisattva…
Los treinta y siete auxiliares de la Iluminación son la Tierra de Buddha del Bodhisattva…

El Bodhisattva conquista su Tierra de Buddha mediante diversas virtudes: unas, aparecen como aspectos del autodominio; otra, como servicios prestados a los seres. Todos los elementos que sirven para definir la Tierra de Buddha son de orden espiritual.

Así, pues, consideradas primero como idénticas al mundo en el que los Bodhisattva ejercen su actividad misericordiosa, las Tierras de Buddha son mostradas ahora como moradas espirituales que se superponen a ese universo de los seres. Construidas sobre el fundamento de los Grandes Votos, se componen de virtudes y méritos que los autores de los Sûtra con gusto compararán a esplendorosas piedras preciosas. Este carácter espiritual de las Tierras Puras está particularmente subrayado en el «Sûtra de Vimalakîrtî»:

«El ámbito de los Bodhisattva es un ámbito donde se comprende que todas las Tierras de Buddha son absolutamente imperecederas, inmutables, parecidas al espacio… Una Tierra de Buddha es una tierra vacía…»

En otra parte, abordando el tema de la purificación de las Tierras de Buddha, el mismo documento afirma:

«El Bodhisattva que quiera purificar su Tierra de Buddha debe, en primer lugar, esforzarse por ornar[*] hábilmente su propio pensamiento. ¿Y por qué? Porque en la medida en que el pensamiento del Bodhisattva es puro, su Tierra de Buddha es purificada.»

Esta declaración causa, en el texto, una discusión en la que la verdadera naturaleza de las Tierras de Buddha es revelada a plena luz.

En efecto, al oír estas palabras, Sâriputra empieza a reflexionar y una objeción de envergadura surge en su corazón: si lo que acaba de decirse es cierto, hay que creer que el propio pensamiento de Buddha es impuro, ya que este mundo donde vive está cubierto de impurezas. Sâkyamuni, percibiendo el pensamiento de su discípulo, le responde con una parábola: si los ciegos de nacimiento no ven el sol, no es culpa del sol. Y añade: «Si los seres no ven el esplendor de las cualidades de la Tierra de Buddha del Tathâgata, la culpa es de su ignorancia, no del Tathágata. Sâriputra, mi Tierra de Buddha es pura, pero tú no la ves.»

Afirmaciones de este género se encuentran en otros textos búdicos. Por ejemplo, puede leerse en el «Sûtra del Loto»:

«Cuando los seres vivos ven que sobreviene el fin de los tiempos y que el gran incendio abrasa esta morada, esta tierra mía permanece tranquila y apacible, siempre llena de hombres y dioses.

Los seres vivos gozan en ella de numerosos recreos: jardines con grandes palacios, colinas compuestas de toda clase de joyas, árboles preciosos cubiertos de flores y frutos.

Los dioses redoblan allí los tambores celestes y hacen resonar hábiles melodías. Haciendo llover flores de Mandârava, las derraman sobre Buddha y la multitud que le rodea.

Mi Tierra Pura no se destruye, ni siquiera cuando los seres, sobrecogidos de temor, la vean completamente abrasada y cubierta de miserias.»

Las Tierras de Buddha son, por tanto, todo pureza para los Buddha que reinan en ellas, pero aparecen repletas de miserias a los ojos de los seres ordinarios que las habitan.

El «Sûtra de Vimalakîrtî» explica esta diferencia mediante una comparación:

«Los hijos de los dioses “Treinta y tres” comen de un único y precioso recipiente, pero la ambrosia, que es el manjar de los dioses, se diferencia según la diversidad de los méritos acumulados por ellos. De igual manera, Sâriputra, los seres nacidos en una misma Tierra de Buddha ven en función de su pureza el esplendor de las cualidades de la Tierra de Buddha de los Buddha.»

Paralelamente a esta noción, aparece otra en el texto: si una Tierra Pura parece impura a los seres, no es sólo porque su corazón sea impuro, sino también porque la miseria que ven en ella les resulta de una gran utilidad para su desarrollo espiritual:

«Sâriputra, mi Tierra de Buddha es siempre igual de pura, pero para que los seres inferiores maduren, el Tathâgata hace que parezca un campo viciado por numerosos defectos.»

En otra parte los preciosos adornos de las Tierras Puras son considerados los medios hábiles que sirven a la causa de todos los seres:

«Es maravilloso que los Bienaventurados Buddha que penetran la igualdad de todas las cosas, manifiesten toda clase de Tierras de Buddha para que maduren los seres.

Hay Tierras de Buddha en las que Buddha actúa a través de los Bodhisattva, de las luces, del Árbol de la Iluminación, de la visión de la belleza y de los signos físicos del Tathâgata, de seres ficticios, de los hábitos, de los sitiales, de la comida, del agua, de los bosquecillos, de inmensos palacios, de belvederes, del espacio vacío o también de la iluminación del espacio. ¿Y por qué? Porque los seres se convierten en virtud de tales medios salvadores.»

El texto afirma también que hay Tierras de Buddha que salvan a los seres por los sonidos melodiosos que resuenan en ellas, por la predicación de la Ley, por su sosegado silencio o incluso por las pasiones y las obras de Mâra, el Tentador.

Los mismos elementos enumerados en el «Sûtra de Vimalakîrtî» son los que utilizan las descripciones de la Tierra de la Felicidad tal como pueden leerse en los «Tres Sûtra».

Estas consideraciones han permitido a los Maestros de la Tierra Pura distinguir dos planos en la Tierra de la Suprema Felicidad. El más alto se llama «Tierra de Retribución» o «Tierra del Cuerpo de la Ley»: es idéntico al Nirvâna y realmente no puede ser descrito. Para hacer volar la imaginación de los seres e inducirlos así a tender hacia él, Buddha lo describe con el aspecto de una tierra maravillosa, engalanada de ornamentos y dotada de todas las cualidades. Aquí se trata de los medios hábiles. Este plano de la Tierra de la Suprema Felicidad se llama «Tierra de los Medios hábiles».

Más arriba hemos definido tres sentidos de la expresión «Tierra de Buddha». Se comprende ahora que es el tercer sentido, el más elevado, el que consideran los Sûtra del Gran Vehículo cuando describen los maravillosos adornos de los mundos donde habitan los innumerables Buddha. Las Tierras de Buddha son realidades de orden espiritual. Constituyen un plano superior de conciencia donde todo es visto en un estado de pureza perfecta, porque todo se percibe con un pensamiento sin apegos, es decir, tan vacío como el espacio.

En consecuencia, cuando un Sûtra afirma: «En tal dirección existe un mundo que se llama de tal manera. Allí es donde vive un Buddha llamado tal o cual», esto nada tiene que ver con las afirmaciones de los geógrafos o de los astrónomos: «En dirección al Oeste existe un continente llamado América», o bien: «En el hemisferio meridional hay una constelación que se llama Cruz del Sur.» En realidad la afirmación de los Sûtra significa: «Existe un plano superior de consciencia al que tú puedes tener acceso.»

El «Sûtra de Amida» comienza con la siguiente afirmación:

«En dirección al Oeste, más allá de una miríada de millares de millones de Tierras de Buddha, existe un mundo llamado Tierra de la Suprema Felicidad.

En esa Tierra vive un Buddha que se llama Amida.

Allí reside actualmente y allí enseña la Ley.
Sâriputra, ¿por qué se le llama a ese mundo Tierra de la Suprema Felicidad?
En ese mundo no hay caudal de sufrimientos para su multitud de habitantes. Al contrario, están colmados de gozo. He aquí por qué es llamado “Tierra de la Felicidad”.»

Podemos parafrasearlo ahora así:

«Más allá del mundo de la Impermanencia, hay un plano superior de consciencia que se llama “Suprema Felicidad”. Ese plano de consciencia es el de los Buddha. Todos aquellos que tienen acceso a él, son liberados del sufrimiento y gozan de una felicidad inefable.»

NOTAS

[*] Sobre la significación tradicional del ornamento: «No debemos entender el ornamento como algo añadido a un objeto que hubiera podido ser feo sin él. El ornamento no incrementa la belleza de algo carente de adornos, sino que la hace más efectiva» (La filosofía cristiana y oriental del arte, de A. K. COOMARASWAMY)

Relacionado con este capítulo ver tambien: Enseñanza de Vimalakîrtî (Vimalakîrtî-Nirdesa) de descarga gratis)